Lo cubano en la poesía

Lo cubano en la poesía

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Serie: NA
Editoras: Letras Cubanas
Géneros: Prosa
Autoría:
Páginas: 565 pages
Tags: Poesía cubana, Ensayo
Language: Español
Dueño: Biblioteca Alfredo Chacón
Notas extras: NA

Conocí a Cintio Vitier y a Fina García Marruz siendo muy joven: 19 años. Enseguida empezamos a vernos, con Manuel Pereira (él fue quien me los presentó) y con Wichy Nogueras, en los restaurantes de La Habana Vieja, aún quedaban algunos. Y en la casa de Cintio y de Fina. Ellos fueron muy amables conmigo. Los recuerdo sonrientes, cariñosos, cultísimos. Ella enseguida apreció mis poemas, y con ella mantuve una correspondencia que guardo como un tesoro. Algunas cartas las publiqué en mi blog de Skyrock (en el blogroll a la derecha).

Participé en algunas conversaciones en las que ellos contaron la época negra de la Biblioteca Nacional, la traversée du désert. Y luego, el restablecimiento en el Centro de Estudios Martianos. Eran los típicos intelectuales tronados en una sociedad totalitaria: brillantes, miedosos. Y ese miedo se fue convirtiendo en vehemencia hacia sus verdugos. Hacia el propio Fidel Castro. En eso tuvo mucho que ver Eusebio Leal, que servía de intermediario, y por supuesto, Alfredo Guevara.

A mí siempre me interesó más Fina García Marruz como intelectual. Pero Cintio tiene una novela, de corte lírico, De Peña Pobre, que francamente en el momento en el que la leí me gustó. Tendría que volverla a leer.

He leído todos sus libros, todos. Y con algunos estuve y estoy en total desacuerdo. Cintio era aún -a mi modo de ver- más miedoso que su esposa, al menos se comportaba con mucho temor, y sumamente cauteloso.

Un mediodía en su casa se confiaron con toda sinceridad. Conversación que conservo sólo para mí. Esa tarde vi por primera vez la foto de José Martí muerto, que ellos se negaban a mostrar y ante la cual se notaba que realmente sufrían. Cintio y Fina eran dos personajes muy curiosos, también sumamente cómicos.

Una anécdota curiosa, contada por el mismo Cintio: Él había nacido en Tampa, su padre Medardo Vitier había enviado allí a su madre para que lo pariera. Cintio no había sido reconocido por su padre, y había padecido su condición de hijo bastardo. Cosa bastante frecuente en los cubanos.

Una anécdota cómica. Estábamos en La Bodeguita del Medio cuando aún no era en dólares, inicios de los ochenta, con Wichy Nogueras, Manuel Pereira, ellos dos y yo. A la hora del postre, Fina le preguntó a Cintio con voz imperceptible si él creía que el Señor se pondría bravo porque ella pidiera postre, pues había hecho una promesa de que no comería postre durante no sé cuánto tiempo. Cintio le respondió divertido: “Fina, el Señor estará muy contento de que al fin puedas comer de nuevo cascos de dulce guayaba”. La guayaba se había convertido en un verdadero objeto anacrónico en el paladar cubano de la época, sin embargo, por aquellos días ¡un cargamento de latas de guayaba había desembarcado en La Habana proveniente de no recuerdo cuál país comunista europeo! Nosotros nos partimos de la risa.

Poco antes de irme de Cuba, ya apenas me veía con ellos. Se habían mudado para el Vedado, y se habían vuelto cada vez más oficialistas, y yo cada vez más irreverente. Cuando nació mi hija fui a verlos, a presentarles el bebé. Fueron sumamente delicados, y cariñosos.

Sin embargo, al declararles que pensaba largarme, Cintio se retiró silencioso hacia la terraza. Fina, se quedó junto a nosotros y no dijo nada durante los, aproximadamente, cinco minutos que esperé. Nada de nada. A la hora de irme, ella me susurró: “Tu sabes que siempre seremos tus padres en la poesía”.

Nunca más supe directamente de ellos. Pero lo que leía no sólo me desconsolaba, me daba una rabia insoportable. Opté por intentar apartarme definitivamente. Pero no puedo decir que conmigo hayan sido falsos. Les agradezco su sinceridad. Y siento mucho que el castrofascismo les haya convertido -pese a su propia historia-, en gente muy extraña.

Fuente: zoevaldes.net.

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