La obra de Eduardo Mariño Rodríguez logra elaborar imágenes a partir de una voz otra, manifestada en su alter ego, Evaristo Jiménez, para llevarnos a niveles metapoéticos y reflexivos, donde cada elemento del poema se va concatenando para formar melodías intimas que parten del lado oscuro de la memoria.
Texto ganador de la XV Bienal Literaria "Fernando Paz Castillo" del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (2002) y el Premio Nacional del Libro de Venezuela, mención Creación Literaria (Centro Nacional del Libro, 2003).
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