1606 y otros poemas

1606 y otros poemas

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Serie: NA
Editoras: Edición del autor
Géneros: Poesía
Autoría:
Páginas: 120 pages
ISBN 13: 9789801234890
Tags: Poesía venezolana
Language: Español
Dueño: Biblioteca Letra Muerta
Notas extras: NA

Armando Rojas Guardia para Letralia.com: "Leyendo este poemario de María Clara Salas lo primero que se me vino a la mente fueron aquellas palabras de Borges: “Antes buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora busco la mañana, el centro y la serenidad”.

En efecto, 1606 y otros poemas puede ser considerado como un estudio —otorgándole a esta palabra un sentido semejante al que ostenta en el arte musical— sobre la serenidad. El mejor acompañante de la lectura de sus páginas lo constituye la Octava Sinfonía de Beethoven. Se trata del mismo fluir cadencioso, de la misma aspiración a la tranquilidad y al orden, de una idéntica meditación estética en torno a la quietud. La quietud no sólo como estado de ánimo sino también, y sobre todo, como centro mandálico del cosmos, como la primaria cifra ontológica de todo lo que existe. Este anhelo de serenidad, esta permanente invocación de su presencia en el alma y en el mundo, acaba por atraerla e imantarla en el poema: “Encuentra / nuevos paraísos / mezcla el pincel de la memoria / reconstruye los valles internos del deseo / aliméntalos / En las perlas que el collar recoge / recrea movimientos de promesas”.

Sí, cada uno de estos poemas es una perla que la poeta ha recogido en el collar que hoy nos obsequia. Y cada una de estas perlas recrea el movimiento de una promesa. Promesa ¿de qué? No voy a reducir la polisemia simbólica de la palabra promesa en el espesor semántico de este libro. Sólo quiero señalar lo que los poemas de María Clara me prometen a mí como lector, el compromiso espiritual que contraen conmigo, el horizonte cognoscitivo que me abren. Es, una vez más, la promesa de la serenidad, del centro a la vez dinámico y quieto cuya atracción inapelable redime todas las escorias del vivir, todo el sufrimiento y toda la muerte que encaramos por el solo hecho de existir humanamente sobre la Tierra.

Porque en este poemario incluso el dolor se transmuta en una afirmación de la voluntad de paz. “Salta a la vista / la brecha de la distancia / con lamentaciones / no se rompen los muros / la vida está en otra parte / le debemos algunas fiestas / y no perdonará ausencias / sin arrogancia / reconozco / que media hora de tristeza es suficiente”. La aspiración a la serenidad termina transfigurando al sufrimiento, convirtiéndolo en una dimensión de su propio despliegue: “Los pelícanos reposan sobre las barcas / abren las puertas del ensoñar / juntos y despiertos / alas llenas de luz cancelan las preguntas / el mar venda los ojos / soporta la transfiguración de las desdichas”. Se trata, claro está, del paisaje simbólico de la quietud como momento anímico y estado ontológico: los pelícanos, sus alas batientes y la vastedad del mar metaforizan la “cancelación de las preguntas”.

Debo decir que esta serenidad rezumante no es, por supuesto, sólo semántica. Es igualmente formal. María Clara somete la dinámica textual del poema a una dicción tan ajustada a su objeto, tan redondamente coherente, tan arquitectónicamente precisa, que recrea en la interioridad del lector esa misma serenidad evocada e invocada a lo largo de todo el libro. Cabría recordar aquí que para los escolásticos la paz no era otra cosa que “la tranquilidad en el orden”. Pues bien, la paz no es únicamente asunto y tema en este poemario: ella se hace dentro de él sintaxis, ritmo, prosodia, orden riguroso y exacto. Y es a esta luz que conviene mencionar la importancia del silencio como contrapunto obligado de estos textos poéticos. Nada más alejado de éstos que la charlatanería, que el parloteo. Estos poemas vienen del silencio y van al silencio. Están dialogando permanentemente con él. Ante ellos el lector tiene que aprender a callar y a seguir la silente estela que dejan en su alma: “Del tiempo / toma el silencio / aparta la disipación”. Es claro que la paz, la paz mandálica, sólo puede florecer como un loto del silencio.

Para finalizar, deseo aludir a otro de los ejes temáticos del libro. Me refiero a la experiencia de lo sagrado. Digo bien: lo sagrado, no como mera idea ni como simple imagen simbólica sino como genuina experienciaestá en la base existencial de estos poemas. Un aura auténticamente religiosa nimba a la mayoría de ellos. Sabemos que lo sagrado es aquel orden de realidad, situado más allá de las fronteras de nuestra vida ordinaria y del circuito de la satisfacción de nuestras necesidades inmediatas pero que no constituye ningún trasmundo sino la dimensión más crucial y decisiva de éste, el mundo que gozamos y padecemos todos los días. El corazón de lo sagrado es el misterio. Y lo sagrado y el misterio, desde una óptica, repito, experiencial, son dos temas centrales en esta poesía de María Clara Salas. Especialmente en la segunda sección del libro, titulada “Zayandeh Rud”, donde la poeta evoca algunos contenidos de la religiosidad musulmana. Toda esa segunda parte del poemario respira la presencia del misterio, en sintonía con la espiritualidad islámica, no sólo como El Altísimo, El Supremo, El Majestuoso, sino también como El Clemente, El Apiadable, El Compasivo. Pero no se trata sólo únicamente de esa parte del libro: en casi todo él palpita la cercanía existencial de la realidad inefable que llamamos Dios. Los avatares del amor, la muerte del ser querido, la tarea dolorosa pero al final salutífera del olvido, el trabajo estético, la contemplación de la naturaleza, el afán de pulcritud interior que implica el esfuerzo ético, el transcurrir del tiempo, todo este material existencial se nos aparece en el libro internamente tocado por la escritura que se transmuta en ocasión para experimentar la vida como un evento sagrado.

Así, a la serenidad buscada, siempre en permanente trance de perderla y recién hallarla, se accede sólo si adiestramos el entendimiento, la memoria y la voluntad en el reconocimiento continuo del centro sacro que nos imanta desde abajo y desde arriba. Esta es la suprema lección espiritual a la que me convocan estas páginas. Ha sido un honor presentarlas".

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