Los deshabitados paraísos

Los deshabitados paraísos 1963 - 1966

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Serie: NA
Editoras: Tipografía Vargas
Géneros: NA
Autoría:
Páginas: 91 pages
Tags: Poesía venezolana, Generación venezolana de 1942
Language: Español
Dueño: Donado por Ediciones Letra Muerta
Notas extras: NA
Dedicó Juan Beroes (San Cristóbal, 1914» Caracas, 1975) a escribir su poemario Los deshabitados paraísos cuatro años, desde 1963 hasta 1966, editado luego en Caracas en
1967 (1).
"estas obscuras palabras mías" (p. 7)*
¿Qué se dice en esas páginas, qué se piensa en esos versos, en esos cantos, en esos cuarenta y siete poemas? ¿Qué alumbra la videncialidad de esas estrofas? Invoca el trovador en el poema pórtico -sin titulo, sin número- a Zeus, a Líos, a Jehová, a Yavé (¿cómo se llama?), aunque sin nombrarlo a no ser sino con perífrasis. "Espíritu inmortal y solemne" (p. 7), "Espíritu anunciador" (p. 8), entre otras. ¿Por qué lo implora el vate? Después de contrastar el inmenso poder divino con su personal miseria humana -"y quebranta la tierra de mis iniquidades" (p. 7)“ suplica "voz para que deslumbrada ante tus olas magnificas / alabe con himnos de generosa ¿juventud / cuanto por ti me fue dado para prueba de tu fortaleza" (p. 8), para su libro, también ruega "tierna sabiduría", dolor, amor. Rinde además Beroes, necesariamente con los primeros versos, su sagrado culto a la poesía de Occidente, a su primer poema, la Iliada, cuando en vez de convocar la musa ("Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles pelida") invita de manera univoca a Díos, "Desciende a mi, Espíritu inmortal y solemne" (...).

Luego de esta invocación u oración el corpus Ódico comienza, integrado por tres sus años se fortalecerá hasta coincidir en su desenvolvimiento ciudadano con una definida, valiente, actitud socrática, también kantiana, con mucho -por lo menos al nivel de la conducta civil- de un cristianismo intimo sin doctrina ni sistema religioso alguno, ¡lejos de él cualquier asomo dogmático! (Su única religión a la cual consagró su temporalidad; la poesía). Pudo por eso -con este rico sostén científico, espiritual- entender, asumir plenamente la naturaleza en su acepción ecológica.
Nunca nombró -en el grado de su escritura versificada- el término ecología (o sus derivados) pero ella late a lo extenso de sus reviviscencias; la palabra "árbol" casi todas sus composiciones cruza, en aproximada frecuencia le siguen los pájaros, las ranas, otros animales de la fauna silvestre, así mismo las piedras, el verdor de los cerros, los ríos, el mar, la tierra, la lluvia, el viento, el aire, las nubes, las estrellas, la luna, el Sol, la Tierra (la llama "Gran Aya"), vincu­lados, circuyentes, con certeza, al humanus en sus disímiles edades, sexos, condi­ción social, ambientes, épocas.
Expuso en su dilatado epos lírico el maravilloso asombro, laudatorio, por la vegetación venezolana inseparable de su fauna cual dos siglos atrás Humboldt lo evidenciara en su tratado genesíaco defensor de la cosmología del Nuevo Mundo, ro­tulada en castellano Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, vo­lumen revelador a los demás pueblos de este Planeta, sobre los rieles de la verdad científica, la magnífica existencia de este Continente. Encaja por eso la ódica de Carlos Augusto León con el origen de la poesía suramericanas "ALOCUCION A LA POESIA" , "LA AGRICULTURA LE LA ZONA TÓRRIDA" de Andrés Bello, con buena fortuna continuada por los grades trovadores de este País.

Fuente: http://ohotart.16mb.com.

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