Delmore Schwartz (Brooklyn, 1913), descendiente de inmigrantes
judíos rumanos, se graduó en la Universidad de Nueva York en 1935 y de
inmediato causó admiración entre sus pares. Fue celebrado por la crítica como
creador de una pequeña obra maestra en aquel relato —incluido entre las cien
mejores obras de la literatura judía moderna—, y señalado como lo más innovador
sucedido en la literatura estadunidense en los años treinta, además de haberse
revelado como un charlista agudo e inteligente: “el Mozart de la conversación”.
En las siguientes dos décadas publicó media docena de libros de poemas, relatos
y obras dramáticas, de 1943 a 1955 editó la revista Partisan Review y luego The New Republic, obtuvo la beca Guggenheim y en
1959 el premio Bollingen.
Al
mediar los cincuenta y tras dos matrimonios, la dipsomanía y los
tranquilizantes le provocaron serios conflictos creativos derivados luego en
alteraciones mentales. Al iniciarse los años sesenta Delmore acusaba serios
problemas: delirio de persecución, insomnio crónico, aislamiento, paranoia
aguda; todo empeorado por la dipsomanía, los ansiolíticos y los somníferos, más
la desilusión por no poder continuar su dilatado poema autobiográfico “Génesis”
y aun por cierta desesperanza ante la imposibilidad de recibir una supuesta
herencia de su padre, muerto diez años antes.
En
la Universidad de Syracuse impartía entonces escritura creativa; en uno de esos
cursos se acercó a él Lou Reed, otro talentoso rebelde precoz, como había sido
Delmore. Su amistad se basó en la admiración de Lou, quien en 1967 le dedicaría
la canción “Europa”, de su grupo Velvet Underground, y quince años después, en
1982, escribiría una de sus más hermosas canciones dedicada a Schwartz, “My
House”, donde habla de “la imagen del poeta en la brisa”, “el primer gran
hombre que jamás conocí” y “el espíritu puro de la poesía”.
En julio de 1966 un ataque cardiaco fulminó a Delmore en el pasillo del hotel neoyorquino donde vivía aislado. Pasaron dos días antes de saberse de quién era el cuerpo de ese hombre de 52 años depositado en la morgue. Saul Bellow fue su admirador declarado y uno de sus amigos más cercanos, compartieron literatura, revistas y borracheras, fueron inseparables y luego el destino fracturó esa amistad: Bellow había viajado hasta Nueva York para conocer e Delmore y augurarle un magnífico futuro; sin embargo, el del futuro logrado fue Bellow, mientras Schwarts se consumió. El novelista le rindió homenaje en su novela El legado de Humboldt (1975). Robert Lowell dedicó también a Schwartz una docena de elegías, John Berryman lo describió en un poema, Nabokov alabó su prosa y James Atlas lo encumbró en su biografía The life of an American Poet (1977).