Alfonso Carreño González-Calero nace en Bullas, en 1932. Fallece en Murcia, agosto de 1988, tras sufrir el acoso de la muerte en El Mingrano, campo alto de Lorca, frente a las Casas de D. Gonzalo. En medio, toda una vida de poeta desconocido en los medios literarios murcianos. Esa vida anunciada corta -el firme de su sentido cuerpo se agrietaba- y fecunda, transcurre entre Manzanares y Madrid, con estancias cortas en otras ciudades europeas.
Nadie se ha ocupado cuidadosamente de él en Murcia, ni antes ni después de su óbito -la mueca del infierno tallándose en la piedra-, cuando representa un papel digno en el espacio de poesía escrita por murcianos. Tiene, pues, este escrito como objetivo prioritario darlo a conocer y trazar los grandes rasgos que componen su poesía. No vamos a presentar un poeta murcianista aunque sus raíces telúricas se hallen en estas tierras. Es un poeta de Murcia, formado fuera de nuestro ámbito cultural, Manzanares fundamentalmente, en el que puede ocupar un lugar que esperamos destacado por su propio merecimiento.
Con Alfonso Carreño sucede que son muy pocos los lectores murcianos que poseen su obra: de ahí el interés de proporcionar un acercamiento a su poesía que permita el acceso a su mundo interior, un conocimiento panorámico de su quehacer y un juicio sobrio, pero valorativo, sobre su escritura.
UN ORDEN APARENTEMENTE ILÓGICO
Inicia el escritor su andadura poética con ELEGÍA PARA MÍ MISMO (Ediciones El gato verde, Madrid, 1955) A esta primera entrega, apasionada y conceptual, sigue HORMA (Ediciones, El gato verde, Madrid, 1962) Han de transcurrir diecisiete años para que publique su tercer poemario, HUÉSPED EN LA MATERIA (Ediciones Rialps, Colección Adonais, no 365, Madrid, 1979). Es su primer y posiblemente único poemario de alcance nacional y cómodo acceso para el público dentro de la distribución editorial minoritaria de la poesía. Era un libro tan maduro que hacía pensar de modo inevitable en un oficio de escritor, en una asimilación de lecturas poéticas, en un cosmos íntimo aunque desordenado, que auguraba un futuro espléndido. PLIEGOS DE CALATRAVA (Edición de Angel Caffarena, Publicaciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce, Cuadernos del Sur, Málaga, 1986) supone otra sorpresa por cuanto Alfonso Carreño medita desde la épica un mundo recreado que vuelve a tamizar por la profundización metafísica y trascendente de su religiosidad anterior y una acuñación léxica que concretiza un lenguaje preciosista y enternecedor. RÉQUIEM POR JAVIER SERRANO (Ediciones El gato verde, Madrid, 1987) es un libro circunstancial pero obligado pues obedece a una necesidad imperiosa: el homenaje público al amigo de siempre recién fallecido. Y es algo más, porque frente a los tópicos y convenciones del género, existe un modo de decir sencillo, menos sentimentalizado de lo que se podía prever. En LA DESHORA DEL ALBA (Colección El Marañón, Ciudad Real, 1989) la palabra se hace arrogancia plástica. Es un libro póstumo, publicado por Los amigos de Alfonso Carreño, depositarios de su legado literario, quienes nos informan de otros posibles originales, EQUIVALENCIAS y ZAHORÍ ENTRE INSOMNIOS, que no hemos visto publicados. Sí han aparecido casi recientemente DORMITORIO DE COSECHAS (1990) y EL TRÁNSITO EN SU HUELLA (El ojo de pez, Colección literaria, Diputación de Ciudad-Real, 1999), cuyo comentario dejamos para otra ocasión.
Para determinar la trayectoria evolutiva del escritor nada más ordenado que proseguir la fecha de publicación de sus libros. Pero, en este caso, hemos de hacer referencia al fenómeno bibliografía pasiva: reivindicamos a un poeta que no se puede leer en su totalidad, a su obra no tiene acceso el gran público, al menos a sus libros primeros.
Una lectura que parta de HUÉSPED EN LA MATERIA y que conduzca a los poemarios anteriores en primer lugar y después a los siguientes, por el orden indicado, permite caminar desde el alumbramiento a la confirmación, desde la comprobación al aserto, y de ahí el método de lectura aparentemente ilógico. El camino laberíntico de un libro de poesía, tal y como está ahora mismo estructurada la cultura, el acceso a ella y su expansión, empuja casi de modo obligado y con cierta violencia a la lectura poética marginal. Quizá ocurre esto porque el mismo poeta dejó de ser entendible para todos por voluntad propia al culturalizarse o bien porque se escribe prosa en renglones cortados.
En Alfonso Carreño HUÉSPED es la clave. Aunque en él se encuentra ELEGÍA, hay que leerlo. HORMA es un ejercicio sumiso de clasicidad. Sólo conocía otro libro significativo de iguales características, aunque con notables diferencias porque la bondad lleva al bucolismo: me refiero a ÉGLOGA, de Alfonsa de la Torre (1943). PLIEGOS es el culmen. Es la interiorización a través de lo épico o la poetización de lo épico a través de la palabra manteniendo una esencia discorde. La palabra alcanza en la épica exposición de un mundo de siempre -gleba y jerarquía- una consistente altura exenta de ideologización trascendida y ordenada desde la cotidianeidad. El concepto queda enmarcado en una escritura ecuánime, discreta, serenada y maestra.
Así, pues, sus libros definitorios son HUÉSPED (asombro) y PLIEGOS (sublimidad). El resto conforma estéticamente un edificio sólidamente construido que, el desorden interno del poeta o la escasa consideración hacia su propia obra (no despreocupada valoración), no permitió la lógica divulgación a la minoría poética en situación críptica y en apariencia marginal.
EL PENSAMIENTO POÉTICO DE ALFONSO CARREÑO
En principio, el poeta se nos muestra instalado en la clasicidad. Lo prueba simplemente la utilización del verso rimado en ELEGÍA y el que HORMA esté compuesto enteramente por décimas. Sus versos posteriores participan de ésta y otras nuevas características que pretendemos exponer.
El arte, en general, es para Carreño lo sin fin, lo incierto, lo inmortal, acierto, equilibrio, luz, mesura, lo fugaz sometido, quizá la lista más larga de adjetivaciones encontrables en su obra: todo esto constituye el objeto de su poesía. Se basa en la forma pura, la inteligencia como centro y la trascendencia: ser de otro ser para otro ser, expresándolo con sus propia palabras.
HORMA es un ejercicio de austeridad, de sometimiento a la forma para domeñar la palabra, obsesión del poeta. Escribe en el poemario de la forma y existe una inquietud explicativa de su interioridad: contener el movimiento, disciplinar el sentimiento, fundir la palabra, labrar el silencio, dominar la forma esquiva.
Es un poeta de fondo y forma, de estilística tradicional. Considera trabajar el verso dolida labor, encaminándose a un sonoro sentir. Se hace el fondo dueño del poema dominada la forma, por decirlo de la manera conocida.
De aquí se extrae una estética que especifica el poeta en HUÉSPED: "la poesía es la transustanciación de mi consciencia de existente y permanencia en ella del espíritu, salvable y duradero a través de la forma".
Palabras escasamente claras y jamás desarrolladas como concepción de una teoría poética. Sí queda explícito que mantiene la división fondo/forma como esencia de estilo y que la forma, la palabra escrita como necesidad, permite que el fondo, consciencia de humano, trascienda.
La transustanciación, vocablo con reminiscencias religiosas, es un concepto de significación propia, eclesial, entendible solamente por la fe, cuando se trata del hecho teológico, cuando se narra el hecho de que Dios no sólo puede alojarse en otra sustancia, finita y pobre, sino que es esa sustancia ¿De qué transustanciación habla Carreño? ¿Cuál es su término oculto de referencia? ¿En qué desea transmutar su consciencia de existente? ¿Cómo va a permanecer en la transustanciación su espíritu finito? Evidentemente, el conceptismo de la frase dificulta su exacta lectura interpretativa. Pero viene a definir la prioridad del contenido, consciencia de humano, y la aceptación del continente, la forma, como pervivencia, envoltura, del espíritu en ella por su superioridad. Por eso, cuando el poeta se da cuenta de la magnitud de esta tragedia agónica (en el sentido unamuniano) e íntima, se dedica a someter la forma para que, perfeccionada, sea lugar digno de un pensamiento más que humano espiritual, y de ahí a la trascendencia de que hablamos, a la ironía sarcástica, a la expresión del goce corporal, sólo hay una desviación, un refugio para el hombre.
Fuente: um.es.