Antígona González

Antígona González

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Serie: NA
Editoras: Surplus Ediciones
Géneros: Poesía
Autoría:
Páginas: 112 pages
ISBN 13: 9786078147182
Tags: Poesía mexicana
Language: Español
Dueño: Team Poetero
Notas extras: NA

Antígona González de Sara Uribe: una lectura infrapolítica

No son pocas las obras literarias que se han encargado de representar la violencia en sus múltiples manifestaciones a lo largo y ancho del tiempo, que han procurado recurrir a una crítica de la misma, que la han estetizado, que la han cifrado como código cultural o que han intentado entender sus mecanismos. Dentro de este cúmulo de obras, me pregunto cuáles han sido las que evitaron apropiarse de un dolor ajeno intransferible, irrepresentable, incomunicable. No ha de ser fácil, supongo, evitar caer en la tentación de colocarse en una posición paternalista y decir: “Ahora me toca, es mi responsabilidad ‘dar voz a quienes no pueden alzarla’”, y en este movimiento tener como resultado una voz modificada, ficcionalizada, que ya no dice lo que el Otro siente, sino lo que uno imagina que siente, haciéndonos pensar -por lo tanto- que durante el pacto de ficción, cuando oímos esa voz, nos ponemos empáticos y decimos: “Qué terrible…”, sólo para después continuar tranquilamente con nuestras vidas.

Sin embargo, en este artículo no hablaré de estas de obras, de este tipo de prácticas de la escritura que son muy apropiadas, sino de las otras: ésas que saben lo que no es suyo y lo dejan hablar por sí, es decir, las desapropiadas. Cristina Rivera Garza, a propósito de las relaciones entre la escritura contemporánea y la violencia de Estado, y entre estas dos y la política, realiza una reflexión teórica a lo largo de su libro Los muertos indóciles que la lleva a proponer un término de cierto tipo de práctica escrituraria que denomina desapropiacionista, la cual pretende “animar una conversación donde la escritura y la política son relevantes por igual”. Bajo estos términos, la poética desapropiacionista entabla con el lenguaje una coyuntura y distanciamiento entre lo propio y lo ajeno, entre el signo de una autoría que se vuelve a insertar en el circuito del capital cuando toma y estetiza lo que no es suyo y las otras autorías reconocidas en el texto que se dicen a y desde sí mismas [Rivera Garza, Los muertos indóciles]; a su vez, crea presente (en el sentido en que lo entiende Josefina Ludmer al hablar sobre las “literaturas postautónomas”, a quien Rivera Garza sigue también en su argumentación) y al mismo tiempo crea presencia gracias a su condición de textos que no permiten una lectura meramente literaria, que requieren otras formas de lectura y de producción de libros. Por ello, en tanto que toma en cuenta la conexión insoslayablemente social de la construcción del lenguaje, la estética desapropiacionista puede trabajar con materiales de archivo, testimonios, textos no literarios, y realizar otro tipo de composiciones que oscilan entre una lectura no literaria y una literaria.

El ejemplo de este tipo de escrituras que analizaré hoy es Antígona González, de la poeta Sara Uribe. Esta obra “es una pieza conceptual basada en la apropiación, intervención y reescritura”, y surge “por encargo de Sandra Muñoz […] y Marcial Salinas, para la obra estrenada el 29 de abril de 2012 por la compañía A-tar, en uno de los pasillos del Espacio Cultural Metropolitano en Tampico, Tamaulipas” [p. 105]. Su contexto de producción se da después del des-cubrimiento de una fosa común en la que se encontraron los cuerpos de 72 migrantes centroamericanos en San Fernando, Tamaulipas, en 2010; víctimas no sólo de la llamada “guerra contra el narco”, sino también de los procesos económicos y necropolíticos que la sostenían durante la presidencia de Felipe Calderón.

Ahora bien, Antígona González se confecciona como un poema fragmentario con una línea narrativa abierta: Antígona ha perdido a su hermano Tadeo y va en busca de él, de su cadáver. En este viaje que realiza hay una intervención y confluencia de varias voces: testimonios, notas periodísticas, citas de la Antígona, de Sófocles; de La tumba de Antígona, de María Zambrano; de El grito de Antígona, de Judith Butler; de Antígona o la elección, de Margueritte Yourcenar, de noticias de otras Antígonas de América Latina, de textos teóricos y filosóficos; a sabiendas de esto es válido preguntar: ¿para qué Sara Uribe escribió, o mejor dicho, reescribió su texto de esta manera y con estas herramientas? Veamos, en su análisis de la obra, Roberto Cruz Arzabal reflexiona que la “voz lírico-narrativa” no se cierra en un universo significantemente homogéneo, sino que mantiene la especificidad de cada voz en su irregular confección, en la cual “Antígona González antepone el valor social del duelo al hacerlo aparecer en una enunciación colectiva que no distingue entre autorías sino a partir de su función en una narrativa doliente” [Roberto Cruz Arzabal, “Escritura después de los crímenes”]. Esta capacidad de mantener en unión un carácter afectivo, intensivo, es una característica de las escrituras desapropiadas según Rivera Garza: intensivo en tanto potencia de afección, y extensivo en tanto que alcanza los cuerpos de quien lee el poema para conformar un cuerpo más grande: la comunidad.


Fuente: senalc.com.

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