Bosque chico

Bosque chico

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Serie: NA
Editoras: Club Hem Editorxs
Géneros: Poesía
Autoría:
Páginas: 32 pages
ISBN 13: 9789873746109
Tags: Antología argentina, Libros dobles o a cuatro manos
Language: Español
Dueño: Biblioteca Alfredo Chacón
Notas extras: NA

Forma libro doble con "Desiderio", de Germán Arens.

En Bosque chico, Marcelo Díaz desglosa el tiempo, lo mide en minuciosas variantes, lo expone, lo transita, lo saca a relucir como quien descubre un secreto o como quien asimila, fría y a la vez nostálgicamente, que no hay retorno en lo transcurrido. Este poemario está construido como si fuera un árbol. Hay una raíz/tronco desde donde se desprenden distintas ramas y bifurcaciones que se expanden para todos los ángulos del bosque/libro, como si en la punta de cada una de esas ramas, hubiera una cámara fotográfica que capta distintas texturas, voces; y lo convierte en una caja de resonancias. Las imágenes como fotografías, nos muestran la precisión de la palabra, como si fuera un lente que logra captar el instante justo: “al caer el sol sobre el mármol de la cocina destartalada/ sobresale una bolsa plástica/ del tamaño de un corazón de manzana”“Sin embargo el reflejo de un cartel/ en tercera dimensión/ ilumina mi rostro”“Imposible negar la helada cuando/ el improvisado campamento sentimental/ continúa congelado como la fotografía/ de una pieza de caza en su entorno natural”.
En uno de los primeros textos, el autor dice: “Lo cierto/ es que son modos del decir/ no hay aprendizaje en el abandono”. Enuncia eso y, en consecuencia, empieza dentro de los poemas un viaje entre sensaciones ligadas al pasado, a la forma de pensarse, de contemplar la velocidad del mundo, lo que está lejos o cerca, lo fragmentario en eso, como un fractal que va iluminando por sectores los distintos matices de un mismo paisaje. Es entonces, dentro de la velocidad, del sonido, de lo tangible o de lo que se puede medir en relación a eso, que el “yo” poético elije como territorio, como guarida, para decir, de una forma bella y sólida: “La autobiografía de los afectos desencontrados/ es parecida a un territorio/ donde las oportunidades se minimizan o multiplican/ dependiendo de la dimensión de tu voz”.
Constantemente se desarrolla un paralelismo entre imagen/sentimiento como si la construcción poética tuviera dos planos, claramente marcados, o dos lados de una palabra/imagen: “El espejo de agua es una cortina/ en la que cientos de mantarrayas/ aparecen reunidas formándose/ en la escuela de los afectos humanos”. Díaz describe con exactitud, hasta lograr que el lector sienta en los huesos: la pérdida, el frío, la nieve, los círculos; y convierte a la escritura en un mantra: “Confío en la diferencia aumentada/ de nuestras voces en el ritmo de la escritura”, un lugar fijo en donde traer los retazos del tiempo y reconstruirlos en poemas, pero con la sabiduría añeja del tiempo que paso, de la maceración. Lo desértico, lo árido, el desamparo  y el amparo, el “yo” pasando de montaje/escena de un lugar a otro: “¿Tendré la propiedad de seguir/ en cámara lenta las huellas/ de los animales del invierno?”, son los protagonistas de los textos. Bosque chico es un poemario de registros solares, de luz, de huellas labradas al sol, que como si fuera en braille escriben estos textos; donde lo cálido, finalmente, se hace presente, como quien logra encender una hoguera en medio de la nieve: “Indaga sobre las formas/ las similitudes entre el cuerpo viviente/ de sus pares y el gundam/ en su mochila de animé./ Si lo presionas en los brazos/ gira sin conciliar las partes con el todo/ lo mismo que sucede/ con los amores no correspondidos”.

 Fuente: opcitpoesia.com.

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