Este libro tiene dos maneras de leer. En prosa y en verso. El primer libro, “Retratos”, narra eventos y traza la imagen y las figuras de distintos personajes, pero igual del paisaje que envuelve a quienes se mueven en estas líneas. Una atmósfera en la que la primera persona se pasea por el plural mayestático para luego sumergirse en el yo profundo de la poeta, en ese yo propio, pero también ajeno que habla desde la desesperación, el arrebato de la luz, desde la ausencia.
Estos retratos vivos destacan rostros, cuerpos enteros, vidas interiores, colores, fisonomías, orígenes, geografías espirituales. La belleza de estos textos viene acompañada de una suerte de quietud en la que las palabras pueden saborearse en distintos tonos.
Es una poesía decantada, precisa, descriptiva, pero también atada a los verbos que cuentan las peripecias y reflexiones de quienes son habitantes nostálgicos de ella.
“De su país se trajo la estatura, su fuerza corporal y su idioma distinto. Cuando pasa en bicicleta por la calle, seguramente recuerda las calles de su pueblo, porque canta bajito una melodía que yo recuerdo haber oído en su país y que aquí, bajo el sol nuestro, es como un paisaje en una postal, volando.
De sus ojos, uno se entorna, pestañeante. El otro se abre hierático, vidrioso. Así, parece su cabeza la de un dios antiguo que prefiere no ver sino a medias el mundo. Sus manos, cuando sueltan o aprietan los tornillos de las llaves del agua, lo hacen como si abrieran o cerraran las fuentes mismas de la inmortalidad. Por algo vino de Italia, el país más azul que he conocido”.
Este trozo de existencia contada en este poema se ajusta a nuestros días, cuando el país se riega por el mundo producto de una diáspora provocada por un poder cruel. Leer estas imágenes nos lleva a nuestros orígenes, a aquel país que se hizo con las manos y la fuerza de quienes fueron nuestros abuelos, nuestros antepasados. La poesía revisa ese mapa afectivo y pedregoso a veces que se ha ido borrando con los años.
Este retrato de aquellas horas podría tomarse como un tributo a quienes siempre han sido emigrantes, desplazados y luego bienvenidos a la nueva tierra de su labor.